
– ¿Qué Tal ha ido todo? -preguntó él.
Henry tenía quince años que parecían cuarenta, y sentía el peso de cada uno de ellos. Aunque era más alto que Em, y también más alto que Issy, tenía el mismo color de pelo que su hermana mayor, aunque sus ojos eran dorados, no de color avellana como los de ella. Y sus facciones eran más fuertes que los delicados rasgos de sus hermanas.
Emily no necesitaba que él se lo dijera para saber que su hermano había estado preocupado porque alguien en Grange hubiera intentado aprovecharse de ella.
– Ha sido todo muy civilizado. -Ella sonrió de manera tranquilizadora mientras dejaba el bolsito en la mesa alrededor de la cual se habían reunido-. No había de qué preocuparse. Resulta que el señor Tallent, el hijo, no el padre, es quien se encuentra ahora a cargo de la posada. Y debo decir que el señor Jonas Tallent se comportó como un perfecto caballero. -En vista de que la noticia no había aliviado la preocupación de Henry, sino todo lo contrario, añadió suavemente-: No es joven. Diría que tiene algo más de treinta años.
Lo más exacto sería decir que rondaba la treintena, pero sólo con mencionar esa cifra, que para Henry de quince años era una edad inimaginable, logró hacer desaparecer la preocupación de su hermano.
Esperaba que para cuando conociera a Jonas Tallent, Henry se hubiera dado cuenta de que su patrón no planteaba ningún tipo de amenaza ni para ella ni para Issy. Y que, en realidad, Jonas Tallent no tenía nada que ver con los amigos de su tío.
Dejando a un lado el efecto que aquel hombre tenía sobre ella, algo de lo que él no tenía la culpa, dado que era producto de una sensibilidad sin precedentes por su parte, estaba totalmente segura de que
Jonas Tallent era el tipo de caballero que se regía por las reglas sociales y que, en lo que a las damas concernía, las seguía a rajatabla. Había algo en el, a pesar de lo nerviosa que había estado durante toda la entrevista, que la había hecho sentir completamente a salvo…, como si él fuera a protegerla de cualquier daño o amenaza.
