
Y las gemelas no habían recibido ninguna educación.
Em estaba resuelta a rectificar esto último y por fortuna, las gemelas eran Colyton, que eran personas de gran ingenio a las que no les costaba trabajo aprender cuando se aplicaban a ello.
Por desgracia, también eran autenticas Colyton en el sentido de que les gustaba explorar todo lo que veían, por lo que conseguir que se concentraran en las lecciones no era tarea fácil.
Em miró a Henry. A él no le costaba aprender. De hecho le encantaba; su manera de explorar el mundo iba mucho más allá de lo puramente físico.
– Preguntaremos en los alrededores y encontraremos un tutor para ti. No podemos consentir que te quedes sin recibir tus lecciones.
Con la seriedad que le caracterizaba, Henry asintió con la cabeza.
– Aun así, yo también ayudaré en la posada. Me parece lo más justo.
Em asintió con la cabeza, pero intercambió otra mirada con Issy. Las dos se asegurarían de que los estudios de Henry tuvieran prioridad sobre todo lo demás. Parte del acuerdo al que Em llegó con Harold hacía ya tiempo -un acuerdo del que Henry nunca había estado al tanto-, era que, a cambio de que su hermana y ella se ocuparan de la casa, Harold se encargaría de que Henry recibiera clases del vicario local, que había estudiado en Oxford y era un gran estudioso.
Era un acuerdo que Harold se apresuró a cumplir, pues de ese modo se aseguraba el mantener a Em y a Issy donde quería: ocupándose de la casa y de todas sus comodidades de manera gratuita. Así que Henry estaba camino de convertirse en el estudioso que siempre había querido ser. Pero necesitaba prepararse para entrar en la universidad, aunque todavía faltaran algunos años.
– Háblanos del tesoro otra vez -dijo Gert, saltando sobre uno de los sillones y levantando una nube de polvo.
Bea hizo lo mismo en el otro sillón, con idéntico resultado.
– Sólo si os quedáis quietas -dijo Em con rapidez. Como la historia del tesoro familiar era una que ninguno de sus hermanos se cansaba de escuchar, las gemelas se detuvieron de inmediato y clavaron los ojos en ella. Em le lanzó una mirada inquisitiva a Issy.
