Su hermana le indicó con la mano que siguiera adelante.

– Tenemos mucho tiempo. La comida que he metido en el horno tardará un rato en estar lista.

Issy y Henry se sentaron en el sofá. 'lomando nota mental de sacudirlo y desempolvarlo antes de irse a dormir, Em lanzó una larga mirada a sus hermanos, antes de comenzar a hablar.

– Hace mucho tiempo… en la época de sir Walter Raleigh y los conquistadores españoles, uno de los Colyton, que era bucanero y poseía su propio barco, capturó un galeón español repleto de oro.

Continuó describiendo al capitán, a la tripulación, el viaje y la batalla, concluyendo la historia con la emocionante victoria de su ancestro.

– Como parte del botín, llevó a su hogar un cofre repleto de oro y joyas. Su esposa, que se había quedado en casa aquí en Colyton, le dijo que la familia ya era lo suficientemente rica; además sabía que si su marido y sus cuñados, todos ellos aventureros como lo son todos los Colyton, ponían las manos sobre el tesoro, lo malgastarían en más barcos que satisficieran su afán de aventuras. Así que sugirió que escondieran el cofre del tesoro en un lugar donde sólo los Colyton pudieran encontrarlo, para que las futuras generaciones pudieran recurrir a él en el caso de que se encontraran en grandes dificultades. La intención era mantener vivo el nombre de Colyton y la seguridad financiera de la familia, y todos se mostraron de acuerdo con ella.

Hizo una pausa y sonrió a las cuatro caras arrobadas que tenía delante.

– Así que ocultaron el tesoro aquí, en el pueblo, y el lugar donde está escondido se transmitió de generación en generación a través de una rima infantil.

– ¡Hasta llegar a nosotros! -exclamó Gert con una sonrisa radiante.



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