
Jonas la miró directamente a los ojos. Incluso en la oscuridad podía percibir la batalla que ella libraba consigo misma para poner distancia entre ellos, aunque permaneció inmóvil.
El silencio se extendió, incrementando la tensión entre ellos, hasta que Jonas se rindió, dio un paso atrás y señaló la puerta del despacho.
Ella pasó con rapidez junto a él y cruzó la diminuta estancia hasta situarse detrás del escritorio, dejando que la gastada mesa se interpusiera entre ellos. No se sentó, pero observó cómo él llenaba el umbral.
Jonas no dijo nada, se quedó allí de pie, observando a la joven que lo miraba con el ceño fruncido.
Entonces recordó la pregunta y apoyó un hombro contra el marco de la puerta antes de responderle.
– No existen libros de cuentas ni registros, al menos de la última década, Juggs no creía que fuera necesario dejar constancia de nada por escrito.
El ceño de la joven se hizo más profundo.
– Entonces ¿cómo sabía cuáles eran las ganancias?
– No lo sabía. El acuerdo que tenía con mi padre era pagarle una renta fija al mes, disponiendo del resto de las ganancias para sí mismo. -Vaciló y admitió-: Mirándolo retrospectivamente, no fue, desde luego, el acuerdo más inteligente. A Juggs no le importaba si la posada tenía éxito o no, así que trabajaba lo suficiente para pagar el alquiler y nada más. -Sonrió-. El trato que hemos hecho nosotros es mucho mejor.
Ella carraspeó levemente y se dignó a sentarse, hundiéndose en la desvencijada silla que había detrás del escritorio. Parecía un tanto abstraída.
