Jonas la observó fingir que le ignoraba, aunque la señorita Beauregard sabía de sobra que él estaba allí.

– Los suministros -dijo ella finalmente, alzando la mirada hacia él-. ¿Hay algún lugar donde la posada tenga una cuenta?

– Hay un comerciante en Seaton que se encarga de suministrar todo lo necesario a la hacienda. Debería hablar con él y decirle que anote los gastos de la posada a la cuenta de Grange.

Ella asintió con la cabeza, entonces abrió un cajón del escritorio y sacó una hoja en blanco y un lápiz. Dejó el papel sobre el escritorio y sostuvo el lápiz entre los dedos.

– Tengo intención de hacer una amplia oferta culinaria en la posada. Cuando la gente sepa que servimos comidas, vendrán y se convertirán en clientes regulares. -Tomó algunas notas antes de hacer una pausa para repasar lo que había escrito-. Creo -dijo ella sin levantar la mirada-que podemos conseguir que la posada se convierta en el centro de reuniones del pueblo. Que no sólo vengan aquellos que quieren tomarse una cerveza al terminar la jornada laboral, sino que sea frecuentada durante todo el día. Un sitio donde las mujeres puedan charlar mientras toman una taza de té, y las parejas puedan venir a comer. Todo eso, mejorará en gran medida los ingresos de la posada, y de ese modo se incrementarán las ganancias. En cuanto al alojamiento, pienso ocuparme de mejorar las habitaciones y hacerlas más confortables. Quiero que todos los huéspedes sepan que aquí ofrecemos algo más que un sitio donde beber cerveza.

Ella había estado escribiendo sin parar, haciendo una larga lista mientras hablaba, pero ahora levantó la mirada hacia él con un reto definitivo en los ojos.

– ¿Aprueba mis ideas, señor Tallent?

Quiso decirle que le llamara Jonas. Se quedó mirando aquellos ojos brillantes, sabiendo que ella tenía en mente un desafío más amplio del que suponía la posada.



40 из 470