– ¿Es costumbre -le preguntó finalmente-que los párrocos se involucren en los negocios?

Había un tono divertido en la voz de Tallent cuando respondió.

– No es lo habitual, pero en Colyton comienza a ser una costumbre.

El comentario no tenía mucho sentido, por lo menos para ella. Lo miró con el ceño fruncido.

– ¿Qué quiere decir?

– Filing lleva las cuentas de la Compañía Importadora de Colyton -Jonas decidió que ella no tenía por qué saber que la compañía tenía sus orígenes en el contrabando-. Fue creada por mi hermana gemela, Phyllida, hace algunos años. Después de que ella se casara, yo asumí el papel de supervisor, pero es Filing el que lleva al día los registros de las importaciones de la compañía, y quien arregla los pagos con la oficina de recaudación en Axmouth.

– ¿Qué bienes importa la compañía?

– En estos momentos importamos vinos y coñac franceses. -Igual que durante los últimos años-. El coñac y los vinos que se sirven en la posada son suministrados por dicha compañía.

Ella permaneció en silencio durante un buen rato antes de hablar.

– Me parece un negocio extraño para un pueblo tan pequeño.

Jonas no pudo evitar salir en defensa de su gemela.

– Es la solución que Phyllida encontró para poner fin a las revueltas que provocaba el contrabando, por lo menos aquí -le explicó-. Además, cuando las familias perdieron los ingresos que generaba el comercio ilegal, Phyllida convirtió la misma tarea en una empresa legítima. Poco a poco, con el paso de los años, se ha convertido en algo más tradicional. Ahora se descarga la mercancía en los muelles y los bienes se guardan en los almacenes que la compañía construyó en Axmouth para tal fin. Desde allí se distribuyen los toneles y barricas hasta las tabernas y posadas más cercanas.



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