
Que le colmara el alma y le anclara a ese lugar.
Durante un buen rato se quedó mirando ensimismado el otro lado de la estancia; luego se recriminó mentalmente y volvió a bajar la vista al montón de inservibles solicitudes.
Los habitantes de Colyton se merecían una buena posada.
Soltó un profundo suspiro y, volviendo a colocar las solicitudes encima del papel secante, se obligó a revisarlas minuciosamente una última vez.
Emily Ann Beauregard Colyton se detuvo justo en la última curva del sinuoso camino que conducía a Grange, en el límite sur del pueblo de Colyton, y clavó la mirada en la casa que se asentaba sólida y confortablemente a unos cincuenta metros.
Era de ladrillo rojo envejecido. Tranquila y serena, parecía estar profundamente arraigada en la tierra fértil donde estaba asentada. Poseía cierto encanto sutil. Desde el tejado de pizarra hasta las ventanas del ático que coronaban los dos pisos amplios y pintados de blanco. Había unas escaleras que conducían al porche delantero. Desde donde estaba, Em sólo podía ver la puerta principal, que se erguía en medio de las majestuosas sombras.
Los jardines, pulcramente cuidados, se extendían a ambos lados de la fachada principal. Más allá de la extensión de césped a su izquierda, la joven divisó una cálida y exuberante rosaleda con brillantes salpicaduras de color, que se mecían contra el follaje más oscuro.
Se sintió impulsada a mirar de nuevo el papel que tenía en la mano, una copia del anuncio que había visto en el tablero de una posada de Axminster, donde se ofrecía un puesto de posadero en la posada de Red Bells en Colyton. En cuanto vio aquel anuncio, Emily supo que aquélla era la respuesta a sus plegarias.
Sus hermanos y ella estaban esperando la carreta del comerciante que había aceptado llevarlos hasta Colyton, cuando regresara allí después de finalizar el reparto. Una semana y media antes, Emily cumplió veinticinco años y por fin pudo asumir la tutela de su hermano y sus tres hermanas, algo que según estaba estipulado en la última voluntad de su padre, sucedería en cuanto ella cumpliera esa edad. Entonces, sus hermanos y ella se trasladaron desde la casa de su tío en Leicestershire, cerca de Londres, a Axminster, desde donde llegaron, en la carreta del comerciante, a Colyton.
