
– Oh, no -indicó la recepcionista-. Sam Scott es el padre de Darcy. Darcy no está casada -unos momentos después, le entregó la llave-. Le he asignado la Suite Bennington. Dispone de una terraza preciosa que da al lago. Sólo suba hasta la segunda planta y siga los letreros. El botones le llevará las maletas, y si no le importa, haré que nuestra directora de servicios para los huéspedes vaya a verlo por si quiere encargar algún servicio especial.
Aunque un masaje sería estupendo para aliviar el dolor constante en el hombro y un prolongado baño en el jacuzzi sonaba a gloria celestial, tenía otras prioridades. No estaba allí para cuidar su salud; sino para obtener paz mental. Y la única persona que podía proporcionársela era Darcy Scott.
– Estoy seguro de que disfrutaré de mi estancia aquí -comentó con una sonrisa…
Capítulo Dos
Darcy entró en la página web de Inmobiliaria Lake Country y navegó hasta las fotografías de la casa de cuatro dormitorios y tres cuartos de baño junto al Crystal Lake. Releyó la descripción como había hecho tantas veces en las últimas semanas. Un porche ancho que rodeaba toda la casa, un mirador victoriano que daba al lago, un cobertizo para botes original. Pero ni siquiera los pensamientos de comprar su hogar de ensueño podían desterrar de su cabeza a Kel Martin.
En el momento en que la había tocado, se había dado cuenta de que nunca lo había olvidado. Para ella no era más que un desconocido, pero si la tomaba de la mano y la conducía al dormitorio, le costaría mucho negarle algo.
¿Cómo un hombre podía tener un ascendente tan increíble sobre ella? ¿Era por Kel Martin o por la soledad? Mientras estuvo prometida, apenas había pensado en él.
Se pasó una mano por el pelo y tuvo que reconocer que no era del todo cierto. Había habido más de una ocasión en que se había sorprendido reviviendo aquella noche.
