
– No, no, no -gritó, retorciéndose las manos-. No puede quedarse aquí. Tienes que volver y decirle a Olivia que ha cometido un error. No hay habitaciones; esperamos un grupo enorme. Tendrá que encontrar otro sitio en el que quedarse.
– ¿Y por qué voy a hacer eso? Esta semana tenemos dos bonitas suites vacías. Su dinero es tan bueno como el de cualquiera. Además, tendremos el placer de volver a mirar esa cara magnífica durante siete días y siete noches.
– Es un desastre -insistió Darcy.
– ¿Por qué?
Se movió nerviosa. Amanda no iba a ceder sin una buena razón. Decidió que debía dársela.
– Hace unos cinco años, tuve una aventura de una noche con Kel Martin.
Los ojos de Amanda se desencajaron.
– ¿Dormiste con Kel Martin?
– No dormimos. Pasarnos toda la noche…ocupados. A la mañana siguiente, él se marchó y jamás volví a verlo. Hasta hace una semana, cuando vi su foto en el periódico y descubrí quién era realmente.
Amanda sonrió.
– Fin del capítulo uno. El capítulo dos comienza con Kel Martin ocupando una suite en el Delaford.
– Ahora ya sabes por qué no puedo permitir que se quede aquí. Jamás he sido capaz de quitarme aquella noche de la cabeza.
– Quizá podrías reavivar tu romance o tener otra bonita aventura. Llevas mucho tiempo sin un hombre en tu cama. Si no practicas de vez en cuando, vas a olvidar cómo se hace.
– Jamás tuvimos un romance. Sólo fue lujuria, dos personas quemando un deseo. Pienso informarlo de que no podemos hospedarlo aquí el tiempo que quiere. Además, ahora no tengo tiempo para sexo. Mi padre viene el fin de semana y todo ha de estar perfecto.
– Pero siempre se te han dado de maravilla las multitareas.
– No me estás ayudando -musitó mientras salía de su despacho.
Cuando la habían invitado a entrar en el mundo de su padre, había estado encantada con la oportunidad de demostrarle su valía.
