
Los dedos le hormiguearon al imaginar que los pasaba por su pelo tupido. Contuvo un gemido bajo. ¿Es que deseaba a un desconocido total? ¿qué le pasaba?
– ¿Y busca amor? -preguntó Ellie.
Darcy se asomó con cautela y vio que Ellie depositaba una cesta enorme de chocolates delante del hombre.
– La cesta es para mi hermana -explicó él con voz profunda y rica-. Es adicta a los chocolates. Tiene gemelos y creo que se automedica con dulces.
Ellie metió la cesta en una bolsa bonita con el logo de la tienda.
– Bueno, ahí hay algo especial -señaló las mitades de corazones envueltas en celofán azul-. Hay un mensaje dentro. Si encuentra su pareja antes de San Valentín, tanto usted como la dama afortunada con la otra mitad ganarán un premio romántico.
Darcy respiró hondo y la colonia con fragancia a cítricos del hombre le hizo cosquillas en la nariz. Tenía que estar soltero. Los hombres casados no olían tan bien.
– Bueno, Ellie -dijo el hombre-. Agradezco el detalle, pero no busco ningún romance.
– Bueno, ¿quién sabe? Quizá el romance lo busque a usted -repuso Ellie. Le dedicó una sonrisa a Darcy y luego eligió una mitad de corazón y la metió en la bolsa del cliente.
Él rio entre dientes y recogió la compra. Pero Darcy no se había dado cuenta de lo cerca que estaban. Al volverse él, quedó directamente en su camino. Con celeridad se apartó hacia la izquierda al tiempo que él lo hacía hacia su derecha. La pequeña danza continuó durante unos pocos pasos más silenciosos, hasta que Darcy se arriesgó a mirarlo.
Se le cortó el aliento cuando sus ojos se encontraron… ojos que había visto en una fantasía hacía apenas diez minutos. Poco había cambiado en diez minutos… o en cinco años. Kel Martin seguía teniendo el tipo de atractivo que le aflojaba las rodillas a una mujer. El pelo, por lo general corto durante la temporada de béisbol, en ese momento le caía con descuido sobre la frente. Y los ojos azules eran aún más azules, si eso era posible.
