– Quiero un cuarto de las de frambuesa y otro cuarto de moca -murmuró-. Y añade cinco de esas tortugas de chocolate negro. Luego añade lo que a ti te apetezca y abriremos una cuenta.

Siempre había sabido que existía la posibilidad de que se encontrara otra vez con él, e incluso había fantaseado acerca de cómo sería. Pero una vez que había sucedido, maldijo la decisión de prescindir del postre en el restaurante.

Ellie charló con ella mientras introducía los chocolates en una bonita bolsa roja. Su marido, Marcus, apareció desde el cuarto de atrás con otra caja llena con almendras de chocolate en las que se veía la «D» del logo del Delaford.

– Antes de que os marchéis, he de daros una cosa más -Ellie sonrió con picardía y luego extendió otra cesta llena con corazones rosados-. Elegid uno.

Darcy extrajo uno de la cesta y Amanda la imitó.

– Dentro hay un mensaje -explicó Ellie-. La que encuentre el mensaje equivalente antes de San Valentín, ganará una cena con su caballero en el Winery, del Delaford. Hay más de cien corazones de chocolate -rió-. Conocéis el Delaford, ¿verdad?

Darcy le dio vueltas al corazón en la mano.

– ¿Y si nadie encuentra a su pareja? ¿Qué posibilidades hay de encontrar a un completo desconocido con el mismo mensaje?

– Todos los amantes son desconocidos al principio, ¿no? -repuso Ellie.

Darcy se guardó el corazón en el bolso.

– Ojalá tuviera tiempo para un romance -murmuró, girando hacia la puerta.

– Eh, yo lo intentaré -dijo Amanda al llegar a la puerta-. No quiero pasar otro San Valentín sentada en casa delante del televisor, tratando de convencerme de que soy más feliz sin un hombre.



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