
– No parece usted estar loco -observo la senorita al bajar el sendero-.?Por que hablar de cosas tan terribles?
El Santo la contemplo con ojos sonrientes.
– Toda la vida he dicho siempre la verdad. Es una gran ventaja, porque, al hacerlo, nadie le toma a uno en serio.
– Pero hablar de asesinatos y revolveres…
– Tal vez -dijo el Santo con su sonrisa burlona-, el recuerdo que espero merecer de usted sera bastante interesante si le digo que desde esta manana se estan haciendo esfuerzos inimaginables para asesinarme. Pero, desde luego, no morire; de modo que no necesita usted preocuparse demasiado por mi. Quiero decir que no vaya a ponerse nerviosa o a pasar por mi causa las noches en vela.
– Procurare no hacerlo -contesto la muchacha en tono superficial.
– Usted no me cree -la acuso Templar con severidad.
Ella vacilaba.
– Bien…
– Llegara un dia en que me pedira perdon por su incredulida4.
Y haciendole una reverencia un poco fria, se marcho tan de repente, que la joven se quedo mirandole con la boca abierta.
Templar llego a la una en punto al torreon, encontrando a Horacio nervioso y disgustado.
– Ya me estaba temiendo lo peor -dijo-. No hay derecho a hacerle padecer tanto a uno. Es usted tan descuidado, que parece mentira que el Tigre no le haya matado ya una docena de veces.
– He encontrado a la muchacha mas encantadora del mundo -le contesto Simon sin pizca de arrepentimiento-. Por todas las leyes de las aventuras, tendre que salvarle la vida dos o tres veces durante los proximos diez dias. En el ultimo capitulo la besare apasionadamente. Nos casaremos…
Horacio resoplo.
– La comida estara dentro de un minuto -dijo. Y desaparecio.
Templar se lavo las manos y se paso el peine por el cabello, aprovechando el minuto que su criado le habia concedido. Estaba pensativo. Era muy vanidoso y le halago que aquel pueblo le tuviese por un personaje novelesco. Pero una razon poderosa hacia exteriorizar su capricho. Le parecio que el Tigre le conocia muy bien a el y sus intenciones y que, por lo tanto, de nada serviria fingir.
