– Tenia ganas de conocerle -dijo al recien llegado-. Espero que vendra pronto a cenar con nosotros; le presentare a algunos amigos. Temo que la sociedad de aqui sea muy restringida para usted.

– Tampoco estoy preparado para la gran sociedad. He decidido olvidarme por ahora de que existen trajes de etiqueta.

– Entonces, le invitare a almorzar.

– ?Me perdona si no acepto? No crea que sea por desatencion, pero mi criado me espera hoy. Si no volviese -explico el Santo-, Horacio se figuraria que me habia sucedido algo, en vista de lo cual cogeria su revolver para buscarme y podria hacer dano a alguien.

Sobrevino una pausa desagradable en la conversacion, pero solo parecieron advertirla las dos mujeres, porque Templar estaba admirando una hermosa copa de cristal veneciano, sin reparar en que hubiese dicho algo inusitado. La muchacha se apresuro a salvar la situacion.

– El senor Templar ha venido a Baycombe por aventuras -dijo, y su tia se quedo mirandole sorprendida.

– Pues le deseo mucha suerte -dijo-. Entonces, el viernes, senor Templar, si le parece bien. Invitare a algunos amigos…

– ?Encantado! -contesto el Santo, haciendo una reverencia y sonriendo con cierta ironia-. Al fin y al cabo, no veo por que no se han de observar las reglas de la buena sociedad aunque aceche lo peor.

La senorita Girton pidio permiso para retirarse, y el Santo fumo un cigarrillo en compania de la senorita Holm, charlando animadamente con ella. Templar era un buen conversador y ya no hacia ninguna alusion terrorifica. Sin embargo, advirtio que la muchacha le miraba de cuando en cuando con una mezcla de perplejidad, aprension e interes, que le divirtio mucho.

Al fin se levanto para irse, acompanandole ella hasta la puerta del jardin.



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