– Va usted a creer que yo tambien estoy loca -dijo-, pero el caso es que, al oirle, hay que creerle. Es como si le retara a uno a tomarle en serio.

– Bien; si logra acabar con el aburrimiento de esta aldea, le estare muy agradecido.?Va usted a invitarme tambien para que pueda conocer a ese fenomeno?

Algernon se quedo.

Cerca de la una, Patricia vio que Templar subia la cuesta, y salio a su encuentro. Llevaba el mismo traje del otro dia, pero, ademas, cuello y corbata. La saludo con una sonrisa.

– Aun estoy vivo -observo-. El diablo anduvo anoche en derredor de mi casa, pero le eche un cubo de agua fria y se marcho. Es asombroso cuan facilmente se enfria el ardor de los asesinos.

– ?No esta usted llevando las cosas un poquito lejos? -protesto ella, molesta consigo misma por la falta de conviccion que habia en sus palabras.

– Me sorprende que usted diga eso -replico el con gravedad-. Personalmente, empiezo ahora a apreciar la verdadera truculencia de la broma.

– Cuando menos, espero que no revolucionara usted toda la mesa -observo Patricia viendo que Templar sonreia.

Hubo cocteles en el salon (la sociedad de Baycombe se preciaba de moderna), y alli fue cuando entro Algy, presentandose al Santo.

– Encantado…, encantado… Es un placer esperado,?eh? -dijo a su manera.

– ?De veras? -pregunto el Santo con ingenuidad.

Algy ajusto el monoculo y miro al forastero de arriba abajo.

– ?De modo que usted es el hombre misterioso??No le importa, verdad, que le llame asi? Estoy seguro de que no todo el mundo le llama el hombre misterioso, y, francamente, creo que le va muy bien el apelativo. De manera que ha tomado usted nada menos que el torreon,?eh? No es demasiado corriente vivir alli. Pero, claro, usted es uno de esos hombres que vemos en las peliculas.

– Algy, esta usted cometiendo una falta de educacion -le interrumpio la joven.

– ?De veras? Pues no era mi intencion. Buena camaraderia,?eh, eh? No se ofenda, viejo,?verdad que no se ofende?



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