
Durante los dias anteriores habia hecho lo mismo con absoluta regularidad y estaba ahora pensando languidamente en lo absurdo de las costumbres, cuando sucedio una cosa que le demostro que la regularidad de las costumbres puede ser peligrosa.
Algo paso rozandole la oreja con un silbido, y el guijarro que estaba contemplando salto, mientras que la cosa que silbaba cambio de tono y rumbo, perdiendose en el agua.
– Mala punteria, chico -murmuro el Santo suavemente-. Un centimetro mas cerca y…
Pero ya se habia puesto de pie antes de que la detonacion del disparo llegase a sus oidos.
Se hallaba en uno de los brazos de la bahia, que tenia forma semicircular. La poblacion estaba en el centro del arco. Un calculo rapido le indico que el tiro procedia del risco, entre el torreon y la villa, pero no pudo descubrir nada en el horizonte. Al instante aparecio arriba la silueta de un hombre que gesticulaba y se oyo la voz llena de ansiedad de Horacio. El Santo hizo senal con la toalla de que estaba bien y se encamino hacia el risco.
Realizo la dificil ascension aparentemente sin el menor esfuerzo y sin inmutarse por la posibilidad de que el asesino oculto pudiese aventurarse a un segundo ataque. En seguida, el Santo se hallo arriba, sobre la hierba, en jarras, contemplando con mirada aguda el sitio de donde al parecer salio el disparo. A un cuarto de milla habia un grupo de arbustos; mas alla estaba el camino de herradura que conducia hasta el pueblo. El Santo se encogio de hombros y se volvio hacia Horacio, que seguia mostrandose intranquilo.
– ?Vaya! El Tigre sabe lo que se hace -observo Templar con cierta admiracion.
– ?Por tonto! -exclamo Horacio-.?Que esperaba usted? Se lo tiene bien merecido; esto le ensenara a tener mas cuidado…?No estara usted herido, senor? -anadio con ansiedad.
– No…, pero falto poco.
