
Horacio volvio a gesticular.
– Lastima que no le hiriera un poco, para que tuviese mas cuidado en el futuro… Yo se lo habria agradecido a ese Tigre. Y si alguna vez pongo las manos en ese puerco, me las pagara -concluyo el criado alejandose hacia el torreon.
Horacio, que fue sargento de Infanteria de Marina, habia recibido un tiro en la cadera en el ataque a Zeebrugge y cojeaba un poco.
– El desayuno estara dentro de un minuto -exclamo sin volverse.
El Santo fue tras el a paso lento y entro silbando en su dormitorio. Sin embargo, el criado, que entro en el comedor justamente al cabo de un minuto llevando en una bandeja el desayuno, encontro a Templar arrellanado en una butaca. El Santo llevaba camiseta y pantalon de deporte.
– Horacio -dijo con ganas de charlar y alzando la tapa de la fuente de jamon y huevos fritos-, parece que la cosa esta a punto de empezar. La orquesta esta dispuesta; los musicos, en sus puestos; el director acaba de pasarse los dedos por el cabello, y el…
– El cafe esta enfriandose -le interrumpio el criado.
El Santo unto una tostada con mantequilla.
– ?Que antipatico te vuelves, Horacio! -dijo quejandose-. Bien, si mis metaforas no te impresionan, te dire sencillamente que ahora es cuando empieza la cosa.
– Bueno -convino Horacio yendose a la cocina.
Simon termino de desayunar y volvio a sentarse en la butaca desde la cual dominaba el risco y el mar. Echo una ojeada al periodico del dia anterior y luego se fumo un cigarrillo. Al fin se levanto, se puso una chaqueta, cogio un buen baston y se fue a la puerta, llamando a su criado.
– ?Que desea, senor? -pregunto Horacio desde el umbral de la cocina.
– Voy a dar una vuelta. Regresare a la hora del almuerzo.
– Bien, senor…?Senor!
El Santo, que ya se marchaba, se detuvo. Horacio saco de debajo de su delantal un revolver de antes de la guerra, de enorme calibre, que ofrecio a su amo.
