Con estos pensamientos dirigio sus pasos hacia la "Luna Azul", la taberna del pueblo; pero quiso el azar que aquella manana no llegase a ella, porque cuando paso por la puerta de los almacenes en que se surtia el pueblo de todo lo imaginable, salio una muchacha y tropezo con ella.

– ?Perdone! -dijo el Santo sosteniendo a la joven.

Despues recogio del suelo un paquete que se le habia caido y, al devolverselo, pudo observar mejor el hermoso rostro, adornado con la mas bella de las sonrisas.

– Usted debe de ser la huerfana -dijo-. Senorita Pat…, el pueblo no da mas senas.

– Patricia Holm -dijo la joven-. Y usted debe de ser el hombre misterioso.

– ?Caramba!…?Ya me llaman asi? -pregunto el Santo con gran interes.

La joven se dio cuenta de que la modestia no era una de sus mejores cualidades.

Siempre es un problema saber si es el hombre quien hace el apodo o el apodo quien hace al hombre. Es dudoso saber si Simon Templar se hubiera sentido tan orgulloso de su titulo si no supiese que le daba caracter; en cierto modo, el Santo era muy egoista.

– Corren los mas fantasticos rumores -observo la joven. Y el Santo adopto su expresion mas candida.

– Quiero que me lo cuente todo -contesto.

Ajustando su paso al de ella, habian empezado a subir el aspero camino de la cuesta que llevaba a las casas del risco opuesto.

– Temo que le hayamos parecido muy poco hospitalarios -admitio la muchacha-. El caso es que, habiendo elegido usted el torreon como vivienda, la gente se pregunta si seria usted una persona asequible o imposible. La sociedad de Baycombe es muy aristocratica.

– Lo que me halaga. Por lo tanto, despues de ver su casa, volvere al torreon para reflexionar sobre el problema de si la sociedad de Baycombe es asequible o imposible.

– ?Que ocurrencia! A proposito,?que le trae a este lugar?

– Ansias de emocion y de aventura -contesto el Santo con rapidez-, ademas de la ambicion de ser tremendamente rico.



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