Y, acto seguido, se preguntó si también se impresionaría por su altura, su delgadez, su belleza y su sonrisa. Claro que, a juzgar por su aspecto pálido, su pelo muy fino y castaño, sus ojos claros, sus gafas, su camiseta, sus vaqueros y su postura de «por favor, no más daño», era obvio que Arnie era de esos chicos que jamás conquistaba a la chica.

– Había oído que íbamos a trabajar mucho con Internet -sonrió el chico-. Eso es bueno para mi departamento.

– Va a haber mucho trabajo -le advirtió Jack.

– No hay problema.

– Muy bien. En cuanto Samantha termine de organizar sus ideas, se pondrá en contacto con vosotros para explicároslas. Quiero que os coordinéis bien. Quiero una campaña agresiva, pero realista.

Arnie asintió.

– Está bien, puedo con todo eso, pero, eh, a su padre nunca le interesó Internet, siempre prefirió hacer publicidad de la empresa en la prensa.

Y ésa era precisamente una de las razones por las que la empresa tenía problemas de publicidad ya que los anuncios en prensa escrita eran mucho más caros que anunciarse en la red.

– A mí me parece que la publicidad en Internet es mucho más barata -opinó Jack-. Claro que supongo que tú, que trabajas en eso, lo sabrás mejor que yo.

– Sí, es mucho más barata y parece una idea fantástica, como a casi todo el equipo, pero… bueno, hay gente que no está tan de acuerdo…

– ¿Ah, no? -se extrañó Jack.

Arnie bajó la cabeza.

– ¿A quién te refieres exactamente? -insistió Jack.

– Bueno, mi jefe nunca ha sido muy amigo de los cambios -confesó Arnie.

– Aquí trabajamos en equipo.

Arnie bajó la cabeza un poco más y suspiró.

– Te prometo que no le hablaré de esta conversación a Roger, pero te agradezco que me lo hayas advertido.

– Gracias, se lo agradezco de verdad porque realmente me gusta mi trabajo y no me gustaría perderlo -dijo el chico sacudiendo la cabeza-. Eh, su padre era un gran hombre.



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