– Perfecto -contestó el chico encantado.

– Gracias por ayudar -lo despidió Jack.

– De nada -contestó Arnie poniéndose en pie y saliendo del despacho.

– Ya tienes un nuevo amigo -comentó Jack una vez a solas con Samantha.

– ¿Arnie? Sí, es un encanto. Seguro que no tengo ningún problema en trabajar con él.

Jack se dijo que Samantha jamás se interesaría por un hombre como Arnie y que, en caso de que lo hiciera, tampoco era asunto suyo. Para convencerse, se repitió tres o cuatro veces que Samantha podía hacer con su vida lo que quisiera siempre y cuando hiciese bien su trabajo y estuvo a punto de creérselo.

– ¿Y bien?

– ¿Y bien? ¡Tengo un montón de ideas nuevas! -exclamó Samantha muy sonriente-. El fin de semana me ha cundido mucho. He estado mirando la página web y me ha parecido muy básica. Se puede mejorar mucho y quiero empezar por ahí. Quiero empezar por los niños de menos de doce años. Quiero dejarlos con la boca abierta -continuó Samantha dejando una carpeta abierta sobre la mesa-. Quiero que nuestra página web se convierta en la página con la que los niños sueñen nada más salir del colegio, quiero que estén deseando llegar a casa para conectarse. Quiero que tengamos la página web más interesante de la red. Podríamos poner cosas de deporte, de ropa y de música. También películas, series de televisión. También se me había ocurrido que podríamos tener una especie de columna tipo Pregúntale a Annie o algo así.

Jack se quedó mirándola confuso.

– ¿Quién es Annie?

Samantha se rió.

– Es una columna de consejos -le explicó-. Alguien a quien los chicos le puedan preguntar sus cosas. Da igual que se llame Annie o Mark, eso es lo de menos. Lo importante, lo que nos dará un montón de puntos, es que será en tiempo real e interactiva. Será como un chat. Tengo muchas ideas, pero lo que más me preocupa es la seguridad. Vamos a tener que emplear a los mejores para asegurarnos de que los niños estén completamente a salvo.



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