Previsión azuzó los caballos y la pequeña carreta avanzó. Fe se retorcía de dolor mientras las niñas la palmeaban y la lluvia caía. La mirada de Fe era opaca como la de una vaca e igualmente ausente. Miraba a su esposo, que aún permanecía en el río. En momentos como el de dar a luz, pensó Alvin, la mujer se convierte en una bestia atontada mientras el cuerpo se apodera de ella para cumplir su labor. ¿De qué otro modo podría soportar el dolor? Como si el alma de la tierra la poseyera, tal como posee las almas de las bestias, como si la hiciera parte de la vida de todo el mundo y la desligara de su familia, de su esposo, de todo vínculo con la raza humana y la condujera por ese valle de tiempos cumplidos, de cosecha, de siega y de muerte sangrienta.

—Ella ya está a salvo —indicó el herrero—. Y aquí hay caballos con que tirar de vuestra carreta…

—Está amainando —dijo Mesura—. La lluvia no es tan fuerte, ni la corriente tan poderosa.

—Comenzó a menguar apenas su esposa puso pie en tierra —aseguró otro con cara de labriego—. Puede darlo por seguro: dejará de llover.

—Lo peor pasó en el agua —señaló el herrero—. Pero ya estáis bien. Reponte, hombre. Hay trabajo que hacer.

Sólo entonces reparó Alvin en que estaba llorando. Sí, había trabajo que hacer, contrólate, Alvin Miller. No eres ningún blandengue para llorar corno un niño. Otros hombres han perdido docenas de hijos y siguen adelante. Tú has tenido doce, y Vigor vivió hasta hacerse hombre, aunque no lo suficiente para casarse y tener sus propios hijos. Tal vez Alvin llorara porque su hijo había muerto de modo tan noble. O tan repentino…

David posó su mano sobre el brazo del herrero.

—Dejadlo un minuto —dijo suavemente—. Nuestro hermano mayor fue arrastrado por la corriente hace unos diez minutos. Quedó atrapado entre las raíces de un árbol que bajaba flotando.

—No quedó atrapado —intervino Alvin con brusquedad—. Saltó sobre ese árbol y salvó nuestra carreta, y salvó a tu madre que iba dentro de ella. El río se lo hizo pagar. Eso fue lo que pasó: el río lo castigó…



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