Calma habló con los hombres en tono sereno.

—La corriente lo estrelló contra ese peñasco. —Todos volvieron la vista. No se veía una sola traza de sangre sobre la roca. Parecía tan inocente…

—El Hatrack tiene una corriente difícil —manifestó el herrero—. Pero nunca antes lo había visto tan endemoniado. Lo siento por su hijo. Aguas abajo hay un banco donde irá a parar seguramente. Todo lo que el río se lleva termina por aparecer allí. Cuando la tormenta amaine iremos hasta allí a buscar el… a buscarlo.

Alvin se frotó los ojos con la manga, pero no sirvió de mucho porque tenía las ropas empapadas.

—Dadme un minuto más y luego me haré cargo de las cosas —pidió Alvin.

Engancharon dos caballos más y las cuatro bestias no tuvieron dificultad en tirar de la carreta; la corriente ya no era la de antes. Cuando el carromato estuvo en tierra firme asomó un rayo de sol.

—Es cosa de no creer —dijo el herrero—, pero cuando a uno no le gusta el tiempo que hace por esta zona, basta con hacer algún conjuro para que cambie…

—Pero no esta vez —repuso Alvin—. Esta tormenta nos estaba esperando.

El herrero posó su brazo sobre el hombro de Alvin y le habló con toda la suavidad de que fue capaz.

—No se ofenda, don, pero está diciendo tonterías…

Alvin se desembarazó del abrazo. —Esa tormenta y el río querían quedarse con nosotros.

—Papá —intervino David—, estás cansado y afligido. Será mejor que te tranquilices hasta que lleguemos a la casa y veamos cómo está Mamá.

—Será un varón —aseguró Papá—. Ya lo veréis. Habría sido el séptimo hijo varón de un séptimo hijo varón.

De inmediato el herrero y los demás lo miraron atentos. Todos sabían que un séptimo hijo varón tenía ciertos dones, pero no podía haber nacimiento más poderoso que el del séptimo hijo varón de un séptimo hijo varón.



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