Me olvidé.

Entró la cesta de los huevos antes incluso de que Mamá hubiera preparado las brasas, y Mamá se alegró tanto que le permitió poner los huevos uno a uno en el agua fría. Y entonces Mamá colgó el perol del gancho y lo arrimó al fuego. Para hervir huevos no hay que esperar a que bajen las llamas. Se puede hacer con humo y todo.

—Peg —dijo Papá.

Ése era el nombre de Mamá, pero Papá no lo dijo con la voz de llamarla a ella. Lo dijo con su tono de pequeña-Peggy-te-la-has-ganado, y la pequeña Peggy supo que la habían descubierto sin remedio, conque dio media vuelta y anunció a viva voz lo que todo el tiempo había planeado decir:

—¡Me olvidé, Papá!

Mamá se volvió y miró a la pequeña con asombro. Pero Papá no pareció sorprendido en absoluto. Enarcó una ceja. Escondía una mano detrás de la espalda. La pequeña Peggy sabía que en esa mano habría un huevo. El huevo infame de Mary la Mala.

—¿De qué te olvidaste, pequeña Peggy? —preguntó Papá con su voz mas suave.

Y en ese mismo instante la pequeña Peggy supo que era la niña más idiota nacida sobre la faz de la tierra. Tenía que negarlo todo antes de que nadie la acusara de nada…

Pero no iba a rendirse. No tan fácilmente. No podía soportar que se enfadaran de ese modo con ella; lo único que quería era que la dejaran partir rumbo a Inglaterra. Compuso su rostro más inocente y dijo:

—No lo sé, Papá.

Se imaginaba que no había mejor sitio para vivir que Inglaterra, porque Inglaterra tenía un Lord Protector. A juzgar por la mirada de Papá, un Lord Protector era, casi seguro, lo que mejor le vendría a Peggy en ese momento.

—¿De qué te olvidaste? —insistió Papá.

—Dilo y acabemos de una vez, Horace —intervino Mamá—. Si ha hecho algo malo, lo ha hecho y ya está.

—Me olvidé una sola vez, Papá —dijo la pequeña Peggy—. Es una gallina vieja y mala, y me odia.



3 из 251