
– Y mientras tanto, ¿ustedes no empiezan a investigar?
– Ni siquiera sabemos si nos adjudicarán el caso; pero lo más probable es que caiga bajo la jurisdicción de los Mossos d'Esquadra.
– ¡Ah, no!, yo la he llamado a usted porque quiero que se haga cargo de esta cosa terrible; no voy a consentir que otros agentes vengan a meter las narices aquí.
– Madre Guillermina, le agradezco mucho la confianza que tiene depositada en mí sin conocerme siquiera, pero yo no soy una detective privada. Debo obedecer a mis superiores y le aseguro que la policía tiene sus propios cauces y sistemas internos.
– Puede ser, pero ¿usted no ha oído hablar de la capacidad de insistencia de las monjas? Es proverbial, y yo pienso ponerla en práctica con todas mis fuerzas, de modo que…
– Ya lo veremos, es absurdo que me ponga a discutir con usted.
Al cabo de una hora llegó Coronas. Preguntó, se movió por todos lados y recabó información.
– Parece ser que lleva más de diez horas muerto, Petra. ¿Qué coño ha pasado aquí?
– La superiora tardó en llamarme, por el tema de la discreción.
– Hay que joderse.
– Piense en lo que significa un asunto así para una comunidad en la que no es habitual tratar con gente.
– ¿De qué viven?
– Dan clases de instrucción religiosa a algunas niñas que tienen matriculadas. Realizan trabajos externos de oficina, reciben subvenciones de la diócesis y donativos privados. Los domingos por la mañana permiten que los turistas visiten la momia del cuerpo incorrupto del beato, por lo que cobran también.
– ¡Vaya por Dios, pues les han machacado parte de los ingresos!
– ¿Quiere que hagamos averiguaciones entre el vecindario, señor? Si se llevaron la momia alguien tuvo que verlo.
– No, no, ni hablar. Ya están a punto de llegar los de la autonómica. Aquí nosotros no tenemos nada que rascar. Pueden marcharse si quieren. Yo me quedaré para el traspaso de poderes y en paz.
