– ¡Jo, eres peor que tus hijos!

– Me temo que, en esta ocasión, yo también voy a freírte a preguntas.

– Pues no tendrás más remedio que moderarte. El caso es competencia de los Mossos d'Esquadra y no vamos a llevarlo nosotros. Te aseguro que me siento un poco frustrada, porque me gustaría meter las narices en ese berenjenal. Seguro que es un misterio mucho más lógico y terrenal de lo que parece.

– Te pasas la vida protestando, pero es evidente que te gusta tu profesión.

– A veces no está mal. ¿Sabes qué le ha dicho Marina a esa monja? Que soy la mejor policía de Barcelona.

– No dudo de que lo seas, aunque es cierto que mi hija te quiere un montón.

– ¿Por qué va a ese convento una vez por semana?

– Su madre cree que en un colegio laico no le darán algunos valores cristianos que le parecen imprescindibles. La asistencia a esas clases de tipo religioso sería como un complemento a su educación. Aunque, en el fondo, creo que la manda sólo por llevarme la contraria. Tú has dejado a tus espaldas tantos divorcios como yo, pero has tenido la suerte de no tener hijos en ninguno de tus matrimonios. Si los tienes, la paz con tu ex pareja no se firma jamás.

– Debe ser fastidioso. ¿Sabes?, la priora me ha caído bien. Parece una mujer con las ideas muy claras. Tenía la pretensión de que yo llevara el caso, contra viento y marea.

– ¡Se sentirá un poco decepcionada!

– Con el jaleo que se le avecina no creo que tenga mucho tiempo de pensar en mí.

– Yo sí, yo tengo todo el tiempo del mundo para pensar en ti. ¿Nos vamos a la cama?

Le seguí escaleras arriba. Realmente Marcos era un tipo muy raro: no discutía, no se enfadaba, mostraba una genuina preocupación por mi bienestar… a lo mejor había encontrado el prototipo de marido ideal y no le daba ninguna trascendencia al hallazgo. Mal hecho, quizá mi obligación femenina era exhibirlo en una web para que cientos de mujeres no perdieran la confianza en el destino.



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