
– ¡Ahora nosotras! -exclamó la reina, y añadió-: ¡Hoy las Atagairas nos cobraremos todas nuestras deudas!
Quizá yo me cobre alguna de las mías, madre, pensó Ziyam, y aferró con fuerza la lanza y el asa del escudo. Su peso y el tintineo metálico de las piezas de la armadura rozando y entrechocando en cada bote la hacían sentirse más segura, casi invulnerable.
El paso de los caballos se convirtió en trote, y el tamborear de los cascos compitió con el voznar de los pájaros del terror. Las Faretrias ya habían llegado al final de la ladera y tras ellas, divididas por escuadrones, cabalgaban las demás Atagairas.
– ¡Ahora, Riamar! -exclamó Derguín. En lugar de sofocar la voz del Zemalnit, el casco parecía amplificarla.
Ziyam sintió el deseo casi pueril de combatir cerca de él para impresionarlo, y taloneó a su montura para no quedar rezagada.
Fue entonces cuando, incluso a través de la capa y la armadura, percibió ese momento inconfundible para cualquier Atagaira: el sol se estaba poniendo. Como llevaba haciendo desde que aprendió a hablar, Ziyam cantó su despedida y su homenaje al astro cegador, y para su sorpresa escuchó la grave voz del Zemalnit entonando el himno a coro con las demás Atagairas.
UUOOOMMMMOOMMOOOOMMM…
A sus espaldas resonó la poderosa llamada de la gran Bukala, la trompa que utilizaban las Atagairas para enviar señales de valle en valle y de montaña en montaña. Era el momento. Ziyam se soltó el broche de cobre y la capa parda resbaló sobre sus hombros y la grupa de su yegua Cellisca. Miles de capas más cayeron al suelo. Ya las recogerían, si es que vencían en la batalla. Si no, quedarían allí como testigos mudos de su final o se convertirían en botín del enemigo.
De pronto, aquella marea de color terroso se había convertido en un río de metal que bajaba por la ladera. Miles de amazonas Atagairas, el mayor ejército que salía de las montañas desde hacía siglos. Debería haberlo mandado yo, pensó Ziyam. Mas a su pesar, participar en aquella carga hizo que se le erizase la piel perfectamente depilada de sus níveos antebrazos.
