
Para Ziyam, la conclusión estaba clara.
Vas a ser reina.
Sabía que la acusarían a ella, que en la corte más de una pensaría que alguna de sus partidarias había herido a traición a su propia soberana.
Le daba igual. Ya reprimiría esas calumnias con mano dura.
– ¡Alteza, toma mi montura!
Ziyam levantó la mirada. Una guerrera de la marca de Acruria acababa de desmontar y le tendía las riendas de su yegua. Ziyam le agradeció el gesto, pisó el estribo y se encaramó a la silla. Pero una vez montada, se cuidó mucho de acercarse a ningún otro Glabro. La suerte le había sonreído esa noche, y no era cuestión de tentarla más.
CAMPAMENTO DEL MARTAL
Tras encabezar la carga de las Atagairas y romper las filas de los Glabros, Derguín había destruido al demonio Gankru, salvando así a su maestro Kratos. Después se había enfrentado al nigromante Ulma Tor, y durante ese combate Mikhon Tiq consiguió por fin salir del encierro de su syfron y unirse a su cuerpo petrificado. Entre ambos, y con la irrupción del mago Kalitres, habían derrotado a Ulma Tor.
Demasiadas emociones seguidas. Cuando se quedó a solas con Mikhon Tiq, Derguín no pudo resistir más, se quitó la coraza y se abrazó a su amigo.
– Te he echado de menos, Mikha. Me sentía solo sin ti.
Mikhon Tiq estaba tan aturdido que durante un rato se quedó con las manos caídas a los costados, sin saber qué hacer. Por fin, devolvió el abrazo a su amigo.
