No se parecía a nadie que Selene hubiera conocido. Ahora, de pie junto al grueso y colorado lord Douglas, las diferencias eran francamente aparentes. Los oscuros ojos de Kadar dominaban un atractivo rostro color bronce que reflejaba humor e inteligencia. Era alto, su cuerpo aparentemente delgado era fuerte, y mostraba una elegancia y una seguridad de la que di otro hombre carecía. Pero las diferencias no se limitaban a la superficie. Kadar era tan profundo e insondable como el cielo nocturno, no era de extrañar que esos estúpidos no pudieran darse cuenta de lo excepcional de su persona.

– No se sentía bien -repitió lord Douglas.

– Pero estoy seguro de que ahora se encuentra mejor. -Kadar hizo una pausa-. Así que ya puedes quitarle la mano del hombro.

Selene sintió una oleada de satisfacción. Eso estaba mejor. El tono de Kadar era suave, pero también lo es el gruñido de un tigre antes de saltar.

Evidentemente, lord Douglas no paso por alto la amenaza. Retiró la mano como si se hubiera quemado.

– Le daba miedo…

– Selene no tiene miedo a nada -dijo sonriendo a Selene-. Aunque debería.

Menos mal, éste sí era el Kadar al que ella quería provocar. Pero él se equivocaba: ella le temía en este momento.

Lo ocultó devolviéndole la sonrisa.

– No tengo motivos para tener miedo. Lord Douglas puede protegerme.

– No lo creo, porque se va a buscar tu capa, ¿no es así, lord Douglas?

Lord Douglas paseaba la mirada de uno a otro nerviosamente.

– Quizá todos deberíamos entrar…

– Tengo que hablar con lady Selene. Seguro que lo comprenderás.

Douglas respiró hondo y enderezó los hombros.

– Creo que mi deber es quedarme hasta que se encuentre lo suficientemente bien como para volver al salón.

Ella no había contado con eso. Pensaba que saldría disparado cuando Kadar mostrara sus garras. ¿Es que no se daba cuenta del peligro que representaba Kadar? Le dio un escalofrío.



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