– Tengo frío. ¿Serias tan amable de traerme mi capa, Douglas?

El dudó y después, para su inmenso alivio, tomó la salida que ella le había dado. Se inclinó.

– Como desees.

Lo vio alejarse por el patio.

– Pensaba que conocías mejor a las personas. -La mirada de Kadar también estaba en lord Douglas-. Ha estado más valiente de lo que esperabas.

– Sí. -No intentó disimular. Nunca funcionaba con Kadar. Él la conocía demasiado bien-. Valiente o ciego. Quizá sea a él a quien lo falta el juicio-. Ella se volvió hacia él, con creciente emoción-. ¿Qué habrías hecho si no lo hubiera despedido?

– ¿Tú qué crees?

– Te lo estoy preguntando.

– Matarlo -dijo sin darle importancia-. Nuestro joven lord me estaba impacientando. Sentía ganas de darle una puñalada en el estómago. Habría muerto lenta y dolorosamente.

– ¿Por qué te impacientaba?

El sonrió.

– Ya sabes por qué.

– Dímelo.

– Te ha tocado. Ya sé que tú lo has provocado, pero aun así te ha tocado. ¿Qué sentías cuando tenía su mano sobre ti?

Apenas había percibido ese toque. Estaba demasiado concentrada en su efecto sobre Kadar.

– Emoción.

Ahogó una risa.

– Mientes.

– Bien, podría haber sido emocionante… en otras circunstancias. Tengo la sensación de estar viviendo la vida como una monja en el convento. No tienes derecho a quejarte. ¿Crees que no llega a mis oídos con cuántas mujeres te acuestas? No has dejado una sola joven de las Highlands sin tocar, y solo Dios sabe lo que harás en tus viajes a España e Italia.

– El cielo lo sabe.

– No tiene gracia. Y tampoco me parece justo.

– La vida no es justa.

– Bien, pues ya estoy harta de ser la única mujer en Escocia con la que no te has acostado.



11 из 316