
– ¿Entonces por qué quieres hacerlo?
Porque quería estar cerca de él. Había deseado esa cercanía desde que lo había conocido hacía ya muchos años, y ahora veía la oportunidad de conseguirlo.
– ¿Por qué lo desean tus amantes?
– Pero tú no eres ninguna de ellas.
– Ware y Thea no tienen por qué enterarse. Podemos vernos en las colinas y…
– ¿Piensas que no me acostaría contigo por mi amistad con Ware y Thea? -Negó con la cabeza-. Tú no me conoces tan bien como crees. Si estuviera seguro de que es lo mejor para nosotros, nada en este mundo me detendría.
Un destello de esperanza surgió dentro de ella.
– Lo es. Ya lo verás,
– Ojalá.
– Entonces deja de desearlo y haz algo. -Le tomó la otra mano y se la depositó en el hombro-. Ahora.
Ahogó una risa.
– Careces de sutileza, ¿Debería arrastrarte por esas piedras?
– Si lo deseas… -Lo estaba perdiendo, percibió desesperada. Mientras el deseo se desvanecía, la atracción y la ternura ocupaban su lugar. Seguramente lo estaba haciendo todo mal. Ella deslizó una de las manos de él hacia su pecho -Cualquier cosa que desees.
Su sonrisa desapareció.
– Selene… -Tensó la mano en su pecho y lo apretó suavemente, con sensualidad.
Ella se quedó sin aliento y sintió cómo se le encogía el estómago. Tenía los ojos abiertos como platos de la impresión.
– ¿No te lo esperabas? -El presionó de nuevo, mirándola a la cara-. Qué placer será enseñarte a disfrutar.
Ella se arrimó hacia él.
– Entonces deja de hablar y hazlo…
Él se inclinó y le rozó el cuello con sus labios. Ella se estremeció cuando una ola de calor invadió su cuerpo.
– Pero no ahora -susurró-. No estás preparada. Vuelve al salón, Selene.
Se sintió como si le hubieran echado un jarro de agua fría. La conmoción se convirtió en enfado. Lo apartó de sí.
