– No estaba segura de si estabas preparada para admitirlo. -Thea pasó el paño suavemente por las mejillas de Selene-. No deberías culpar a Kadar. Lo has hecho enfadar mucho.

– No, nunca debo culpar a Kadar -remedó amargamente-. Kadar a tus ojos es perfecto. Yo soy la única que causa trastornos.

– Kadar no es perfecto, pero le confiaría todo lo que poseo.

Otra vez con la confianza.

– Entonces confías en un necio. No toma lo que se le ofrece y encima pretende que se lo espere mientras cata a todas las mozas de Escocia.

Thea ahogó la risa.

– Puede que no todas las mozas. Pasa mucho tiempo en el mar.

– Seguramente para escapar de mí.

– Es una posibilidad. Tengo que preguntarle si utiliza el comercio de nuestra seda como excusa. Parecen demasiadas molestias solamente para evitar a una joven. Aunque también es verdad que puedes ser una gran molestia cuando te empeñas.

– Te estás riendo de mí.

Thea le acarició la mejilla.

– Eso nunca.

– Duele, Thea. -Apoyó la cabeza sobre el pecho de su hermana-. Nunca he querido esto. Pensaba que Ware y tu eran unos insensatos, ya sabes. Parecía peligroso querer tanto a alguien. ¿Y si te abandonan o si mueren, como mamá murió?

– Siempre es peligroso querer. Hay que tener fe.

Fe, confianza. ¿Por qué todo el mundo le arrojaba esas palabras?

– Kadar dice que no confío. ¿No es una estupidez?

Thea permaneció en silencio.

Selene levantó la cabeza.

– ¿Thea?

– Nunca pensé que pudiera darse cuenta. Eso significa que Kadar es más perspicaz que la mayoría de la gente. Ya veo hasta qué punto le importa a Kadar que no confíes en él. Kadar no ofrece su afecto a la ligera, y sus sentimientos hacia ti son muy fuertes. Lo quiere todo y le molesta que te quedes con algo -dijo apartando el cabello de la cara a Selene-. No es culpa tuya ser tan precavida. Todos a los que has amado se han ido de tu vida.



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