– Tú no.

– Incluso yo. Cuando escapé de la Casa de Nicolás y te dejé allí. Sabía que te haría mucho daño.

– Pero regresaste.

– Sin embargo no estabas segura de que fuera a hacerlo, ¿verdad?

– Claro que lo estaba. -Entonces movió la cabeza. Nunca se habían mentido la una a la otra-. No, pero esperaba…

– ¿Ves?

– Eso fue hace mucho tiempo. He crecido.

– ¿Y amas a Kadar?

– Sí… me importa mucho.

Thea asintió con la cabeza.

– Incluso temes demasiado pronunciar esas palabras. Creo que Kadar es un hombre muy inteligente.

– ¿Qué significan unas pocas palabras? -estalló aguijoneada-. Debes ser tan estúpida como Kadar.

– ¿En serio?

Sintió remordimiento al instante. Thea era pura lealtad y cariño.

– No, yo soy la estúpida. Perdóname. Deberías darme una bofetada.

Thea sonrió.

– No mientras estés tan triste. Aunque reconozco que antes te habría mandado fustigar.

Selene la miró estupefacta.

– ¿Por qué?

– No quería un derramamiento de sangre esta noche.

– Nunca habría llegado hasta ese punto. -Pero había estado tan concentrada en su plan para provocar a Kadar que no se percató de la preocupación de Thea, pensó sintiéndose culpable-. Sabes que nunca haría nada que te hiciera daño.

Thea se encogió de hombros.

– Lo sé. A veces no piensas las cosas.

– Es cierto. Soy una persona horrible, horrible. He sido una egoísta. -Se puso en pie-. Vamos. Bajemos, y te prometo portarme muy, muy bien. Kadar pensará que es por él, aunque solo tú sabrás la verdadera razón. Y mañana te levantarás tarde y pasarás el día jugando con mi ahijado. Yo atenderé a los invitados y haré la ronda por las barracas para inspeccionar el tejido yo misma.



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