– Debes estar muy arrepentida. -Thea sonrió divertida mientras se dirigía hacia la puerta-. Ya veremos.

Pero lo más seguro es que no se acostara hasta el amanecer, como de costumbre, pensó Selene. Puede que comentara con Ware lo cansada que parecía Thea. Una sola palabra bastaría para que se preocupara de verdad. Cuando Thea cayó enferma con fiebre tras el nacimiento de Niall, Ware estaba destrozado. Selene nunca había visto un hombre tan perdidamente enamorado de su mujer.

¿Pero seguiría tan embelesado cuando Thea no fuera tan joven y encantadora? Nicolás solía mostrarse apasionado con las esclavas más jóvenes y atractivas, mientras que las mayores recibían poca atención. Y los hombres a los que Nicolás permitía usar sus mujeres elegían solamente las que rebosaban juventud y belleza. Sabía que Thea pensaba que Ware no la amaría para siempre, pero ¿cómo podía estar tan segura…?

– ¿Selene? -Thea se encontraba en la puerta, mirándola inquisitivamente.

– Ya voy. -Atravesó la estancia con rapidez. Ya pensaría en ello más tarde. Ahora le quedaba el resto de la velada por delante, y debía ayudar a Thea a compensar ese lapso.

Confianza…

CAPÍTULO 02

Dios mío, cómo la deseaba.

La mano de Kadar se aferraba a la copa, seguía a Selene con la mirada mientras ésta se movía por el salón.

Se comportaba de manera sumisa y educada, como un ángel enviado del cielo hablando con las señoras mayores que estaban sentadas en un lado de la sala, siguiendo los pasos de Thea y ayudando a los criados.

Ella no lo había mirado ni una sola vez desde que regresó al salón con Thea, pero sabía que él estaba pendiente de ella igual que ella lo estaba de él.

La conciencia siempre estaba ahí. Había estado ahí desde el principio. Desde la primera vez que la vio en la Casa de Nicolás, con la espalda llena de cicatrices del látigo de ese bastardo, sintió un vínculo que nunca había sentido antes por nadie.



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