Dijo que venía del otro lado de los Pirineos, de la zona que llaman el Languedoc, y a pesar de que no se relaciona en demasía con la gente del pueblo -excepto con el matrimonio que le guarda la hacienda-, suele bajar al mercado los domingos, oye misa si la hay y trata con amabilidad a los vecinos con los que ha tenido algún negocio. Según se dice, es de trato fácil, aunque le agrada perderse en sus tierras y se dedica a sus dominios y su ganado. Le gusta cazar.

Mañana es el día. No sé muy bien cómo, pero los lugareños predicen el tiempo con una fiabilidad pasmosa. Miran al cielo, sea de día o de noche, otean el viento y al rato te dicen «hará bueno» o «va a nevar durante tres días», y aciertan. Mañana por la mañana dicen que hará un día soleado, por lo que podremos acercarnos al valle de Estós para entrevistarnos con nuestro hombre. Espero que Nuestra Señora me ayude e ilumine en esta misión de la que depende el futuro de Nuestra Santa Madre Iglesia. Os mantendré informado.


Vuestro humilde servidor en Cristo,

Silvio de Agrigento

Rara avis

– Deboreconocer que, pese al frío, estas tierras tan dejadas de la mano de Dios no están exentas de belleza -dijo Silvio de Agrigento.

– No os falta razón, mi señor -contestó Tomás montado en su muía.

La mañana era extrañamente soleada, al menos tras tantas jornadas de nieve y frío. El guía los había conducido por un angosto camino que ascendía por un inmenso valle. Abajo, a la derecha, el río. Amplias masas de coníferas jalonaban las laderas. No tardaron mucho en llegar a un valle que se abría hacia la izquierda: Estós, lo llamaban. El silencio allí arriba era sepulcral. Pronto, en un par de semanas a lo sumo, comenzarían a cantar los pájaros, o eso había dicho el paisano que los guiaba. Al parecer, los lugareños estaban contentos porque la llegada de la primavera era inminente.



5 из 236