
—Bien, jaspe.
Pero por su cara supe que ella había visto en mi cara una expresión que le había revelado por fin que yo sabia que ella sabia que yo sabia.
—¿Con quién me ha confundido usted, señora?
—Jaspe, este mes, es la Palabra.
Jaspe es la consigna/clave/santo-y-seña que los Cantores de las Ciudades (quienes, el mes pasado, cantaban “Opalo'' por sus divinas heridas; y en Marte yo había oído la palabra y la había usado tres veces, junto con varias imitaciones tortuosas, para asegurarme la posesión de lo que no era legalmente mío; y aún aquí pondero los Cantores y sus heridas) transmiten de boca en boca por esa hermandad liberal y picaresca con la que he fraternizado (con distintos disfraces) estos nueve años. Se renueva cada treinta idas; y a las pocas horas todos los cofrades la saben, a través de los Mis mundos y mundillos. Por lo general es gruñida por algún bastardo empapado en sangre que le cae a uno de los brazos desde algún portal oscuro: cuchicheada al oído cuando uno pasa por un callejón en sombras; garabateada en un pedazo de papel que le mete a uno en la mano algún roñoso que se mueve con demasiada rapidez entre la multitud. Y este mes, era: Jaspe.
He aquí algunas traducciones posibles:
¡Socorro!
o
¡Necesito ayuda!
o
¡Te puedo ayudar!
o
¡Te están vigilando!
o
Ahora no te están vigilando, así que ¡vuela!
Ultimo detalle sintáctico: Si la palabra es utilizada correctamente, uno nunca tendrá que pensar dos veces lo que significa en una situación dada. Dato importante para el uso: No confiar nunca en quien la emplea incorrectamente.
Esperé a que ella terminara de esperar.
Ella me abrió una cartera a quemarropa.
—Jefa del Departamento de Servicios Especiales Maudline Hinkle —leyó sin mirar lo que decía debajo de la insignia plateada.
