
—Se lo sabe al dedillo, Maud —le dije. Luego fruncí el ceño—. ¿Hinkle?
—Yo.
—Sé que no lo va a creer, Maud. Me da la impresión de ser una mujer que no tiene paciencia con sus errores. Pero mi nombre es Eventide. No Eldrich. Harmony C. Eventide. ¿y no es una suerte para todos que la palabra cambie esta noche? —Tal como se la pasa, la Palabra no es ningún secreto para los tiras. Pero me he encontrado con policías que hasta una semana después del cambio aún no estaban en onda.
—Está bien, entonces: Harmony. Quiero hablar con usted.
Levanté una ceja.
Ella levantó otra, y dijo:
—Mire, si quiere llamarse Henrietta, a mí me da lo mismo. Pero ahora escúcheme.
—¿De qué quiere hablar?
—Crimen, ¿señor…?
—Eventide. Yo te voy a llamar Maud, así que será mejor que me llames Harmony. Es mi nombre verdadero.
Maud sonrió. No era una mujer joven. Hasta creo que tuvo unos añitos con el Hombre de Negocios. Pero usaba su maquillaje mejor que él.
—Probablemente yo sé de crímenes más que tú —dijo—. No me sorprendería en realidad que ni siquiera hubieses oído hablar de mi sección del departamento de policía. ¿Qué significa para ti Servicios Especiales?
—Eso es cierto. Nunca había oído hablar de ella.
—Durante los últimos siete años le has estado sacando el cuerpo con más o menos éxito al Servicio Regular.
—Oh, Maud, realmente…
—Los Servicios Especiales están destinados a aquellas personas cuya tasa de deshonestidad ha tomado de pronto un marcado incremento… lo bastante marcado con lo para hacer que nuestras lucecitas empiecen a parpadear.
—Seguramente no he hecho nada tan terrible como para.,.
—Nosotros no miramos lo que tú haces. Una computadora lo hace por nosotros. Nosotros no hacemos nada mas que controlar la primera derivación de la gráfica que lleva tu número. Tu curva está ascendiendo vertiginosamente.
