
El recuerdo de la memoria de aquella noche de hacía ya tres años atrás, se le hizo más agudo a medida que transcurrían los segundos. Podía recordarlo, no sólo por las palabras, sino hasta en el tono que se empleó con ellas. Cuando Godfrey Stone le había telefoneado aquella noche, allí se oían perfectamente los sonidos de unos sollozos en su garganta, como si hubiese estado corriendo desesperadamente, y en los que se notaban un sentimiento de pánico.
—Buenas noches a todos.
Se dirigió hacia el corredor y cerró la puerta tras él, hallándose el lugar completamente vacío a su alrededor. Las puertas laterales se hallaban todas cerradas, aunque algunas luces brillaban en el interior. El corredor estaba completamente desierto y todo se hallaba en la mayor quietud. Pero aun dentro de aquella quietud y soledad, se intuía una sensación de maciza vitalidad, como si todos los del Anzuelo permaneciesen a la escucha. Como si todo aquel poderoso complejo no dejara jamás de montar la vigilancia y jamás descansaran del todo, en los laboratorios y estaciones experimentales, en las factorías y en las universidades, en todas las oficinas de proyectos, en las vastas bibliotecas y en los almacenes y todo lo demás. Se detuvo un momento, considerando la situación. Todo era sencillo. Podía salir de allí y una vez hecho, nada habría que pudiera detenerle. Podría tomar su coche del aparcamiento, que se encontraba a cinco bloques de edificios más allá, y dirigirse hacia el norte, hacia la frontera. Pero aquello sería demasiado simple, demasiado fácil. Sería lógicamente el camino que los del Anzuelo supondrían que habría tomado. Y había algo más: el pensamiento machacón, la monstruosa duda. ¿Debería realmente salir corriendo?
Cinco hombres en tres años, desde aquello de Godfrey Stone… ¿era toda la evidencia?
Continuó adelante en el corredor de salida mientras que su mente iba analizando toda suerte de dudas. Llegó a la conclusión de que no había lugar para las dudas. Cualquier duda que pudiese surgir, no le impediría tener la certeza de que se hallaba en el camino recto, aunque tal rectitud fuese una posición intelectual y la duda emocional.
