—Acabo de terminar uno.

—¿Has comido algo? ¿Lo estás pasando bien? Tengo un nuevo dimensino, el invento del último grito…

—Quizá vaya a verlo, Charline — repuso Blaine —. Quizá más tarde. Gracias de todos modos.

—Vamos, chico, ve y tómate otro trago. Tengo que saludar a varios otros invitados. Ya me contarás que ha sido de ti en estos últimos tiempos. Hace mucho tiempo que no te veía.

Blaine sacudió la cabeza.

—Lo lamento mucho más de lo que podría expresarte con palabras. Te agradezco mucho que me lo hayas recordado.

—Bien, te veré luego.

Y se marchó; pero Blaine se le aproximó y la detuvo. —Charline —dijo —, ¿te ha dicho alguien que eres un precioso bombón?

—Nadie — repuso la chica —, absolutamente nadie. — Y poniéndose de puntillas le besó en una mejilla —. Y ahora, ve por ahí y diviértete.

Blaine permaneció observando unos instantes cómo se alejaba graciosamente la chica y se perdía entre los invitados de la fiesta.

En su cerebro comenzó a rebullir el Color de Rosa, con una pregunta implícita en aquel leve movimiento.

«Sólo un momento — le repuso mentalmente Blaine—.Permíteme manejar esta situación un poco más lejos. Después discutiremos.»

Y sintió la gratitud, la repentina sensación de haber sido reconocida.

«Nos marcharemos — dijo nuevamente Blaine telepáticamente —, hemos de hacerlo en seguida, no te preocupes. Nos hallamos ligados el uno al otro.»

Y Blaine sintió la cosa Color de Rosa removerse de nuevo en su mente. Parecía de nuevo estar también asustada; pero en seguida cambió, aceptando la situación, aunque la situación debía resultarle horrible, ya que su lugar estaba en un sitio lejano, lleno de paz y serenidad en aquella estancia azul del lejano planeta de donde procedía.

Blaine se movió sin objetivo fijo por la habitación, dando una vuelta por el bar, deteniéndose un momento a curiosear la habitación donde se había instalado el dimensino y después se dirigió al salón de descanso.



29 из 248