El impacto telepático de Harriet le hirió en el cerebro.

—Shep, eres un estúpido total. ¿Qué estás haciendo aquí? (Y la imagen de un mono con un sombrero ridículo en la cabeza, una cola de caballo y un irrisorio símbolo fálico.)

—Pero, tú…

—Por supuesto. ¿Por qué no? ¿Piensas sólo en el Anzuelo? ¿Solamente en ti mismo? Secreto, seguro, pero yo también tengo un derecho a los secretos. ¿Qué otra cosa recogería un buen periodista, montones de sucios chismes, chorros de estadísticas sin fin, con una gran oreja bien abierta para captarlo todo?

Harriet Quimby dijo con dulzura y vocalmente:

—No me perdería las fiestas de Charline por nada del mundo. Se encuentra una con gente tan sorprendente…

—Mal sistema — repuso Blaine con reprobación, ya que era un mal sistema en realidad el usar de la telepatía, y nunca, desde luego, en una función social.

—¡Al infierno con todo! — continuó Harriet telepáticamente —. Pon atención a lo que voy a decirte. Se sabe por toda la ciudad. Ellos saben dónde estás y vendrán a buscarte inmediatamente, si es que no están ya aquí mismo. Vine tan pronto como pude. Habla en voz alta, estúpido. ¡Y sigamos aquí!

—Estás perdiendo tu tiempo — dijo Blaine —. No hay aquí ninguna gente sorprendente. Es el lote de gente más pobre que Charline haya podido reunir. ¡¡¡Soplones todos!!!

—Quizá. Tenemos que intentar nuestra oportunidad. Estás en la estacada al igual que Stone. Justo como todos los demás. Estoy aquí para ayudarte.

Blaine repuso en voz alta:

—He estado charlando de negocios y ha resultado algo desagradable. Y ahora precisamente salía a respirar un poco de aire puro. ¡Stone! ¿Qué sabes tú de Stone?

—No importa ahora. En tal caso me iré. No acostumbro a perder e ^tiempo. Tengo mi coche abajo en la carretera; pero no puedes marcharte sin mí. Iré delante y tendré el coche dispuesto para salir disparados. Procura rondar un poco y disimular y vete después a la cocina (un mapa de la casa con una raya roja que conducía a la cocina).



31 из 248