
—Shep — dijo Bates —, si yo fuera tú ahora mismo, no lo intentaría. El Anzuelo lo tiene todo copado. No tienes ninguna oportunidad.
VI
Blaine permaneció helado por la sorpresa durante un instante. Era una aplastante sensación de sorpresa y frustración, más bien que de rabia o da temor, lo que le había dejado atónito. Era la sorpresa de ver que entre toda la gente posible de quien hubiera podido sospechar, fuese Freddy Bates el que se encontrase allí, en tales circunstancias. Y había otra cosa: Kirby Rand lo conocía, lo sabía todo, le había permitido entrar en su oficina y tomar el ascensor. Estaba claro que, al salir, había bastado una simple llamada telefónica para poner el dispositivo de caza y espionaje en marcha. Había sido muy listo — tuvo Blaine que admitir —, mucho más listo de lo que él lo había sido. Nada había sospechado, ni en la presencia de Freddy, ni en la gentil invitación a la fiesta, ni en su conversación por el camino.
Una rabia feroz empezó a subírsele a la cabeza, sustituyendo el estupor del primer momento. Era la rabia de haber sido atrapado por un tipo como Freddy Bates.
—Iremos a darnos un paseo al exterior — dijo Bates —, como buenos amigos que somos, y te llevaré a conversar un poco con Rand. Nada de gestos ni de luchas; sino muy caballerosamente. No podríamos hacer nada, como comprenderás, ni tú ni yo, que causara a Charline la menor molestia…
—No, claro — repuso Blaine.
Su mente había emprendido una carrera alocada, a la busca de una salida de aquella situación, ya que no estaba dispuesto a volver atrás. No importaba lo que sucediera, él jamás volvería vivo con Freddy. Sintió removerse en su cerebro la cosa Color de Rosa.
