
—Vacíe aquí sus bolsillos. La Ley dice que tengo que hacerlo así Le daré un recibo.
Blaine comenzó a vaciar el contenido de sus bolsillos. Una billetera, un pañuelo, una llave y, finalmente, la pistola.
El sheriff se fijó especialmente en el arma.
—¿La tuvo usted encima todo ese tiempo?
Blaine afirmó con la cabeza.
—¿Y no hizo usted intención de usarla?
—Estaba demasiado asustado para intentarlo.
—¿Tiene usted licencia para usarla?
—No, no la he tenido nunca.
El sheriff silbó entre dientes. Recogió la pistola, la examinó y la descargó después Las balas brillaron con un reflejo cobrizo al caer fuera del arma. El sheriff abrió un cajón y la depositó.
—Bien, ahora ya tengo motivo para encerrarle a usted.
Recogió las cerillas y las entregó a Blaine.
— Le harán falta para fumar.
Blaine las guardó en un bolsillo.
—Trataré de conseguirle cigarrillos — dijo el sheriff.
—No tiene que molestarse — respondió Blaine —. Los llevo pocas veces, ya que, realmente, fumo muy poco.
El sheriff descolgó un manojo de llaves de un clavo de la pared.
—Vamos.
Blaine le siguió a lo largo del corredor que desembocaba frente a una hilera de celdas. La autoridad abrió la más próxima.
—Se quedará aquí solo — le dijo —. Cualquier cosa que desee, dígamelo y haré lo posible por complacerle.
Y la autoridad del pueblo cerró con llave, y corrió el cerrojo de la celda.
VIII
Había sido conocida por diversos nombres. Una vez, se la conoció con el nombre de percepción extrasensorial Y después, hubo un tiempo en que se la denominó psiónica, psi, para abreviar la expresión. Pero, primero del todo, había sido conocida con el nombre de magia.
El médico brujo primitivo, con los óxidos que usaba para pintar, con los huesos de los nudillos con que se rascaba el cráneo, con su saco de contenido nauseabundo, ya la había practicado, siguiendo un camino y un procedimiento zafio y desmañado, antes de que la primera palabra hubiera sido escrita.
