– Todavía no han terminado.

– Era una forma de hablar.

– ¿Me está diciendo que el terremoto fue la causa del final de esta relación?

– No, no estoy diciendo eso. Lo único que estoy diciendo es que fue entonces cuando sucedió. Justo después. Ella es maestra en el valle de San Fernando y su escuela quedó destrozada. A los alumnos los trasladaron a otra escuela y el distrito ya no necesitaba tantos maestros. Ofrecieron años sabáticos y ella se tomó uno. Se fue de la ciudad.

– ¿Tenía miedo de otro terremoto o tenía miedo de usted?

– La psiquiatra miró a Bosch a los ojos.

– ¿Por qué iba a tener miedo de mí?

Sabía que había sonado demasiado a la defensiva.

– No lo sé, sólo estoy haciendo preguntas. ¿Le dio algún motivo para que estuviera asustada?

Bosch vaciló. Era una cuestión que nunca se había plantea do en sus pensamientos íntimos acerca de la ruptura.

– Si se refiere al plano físico, no. Ella no estaba asustada y yo no le di motivos para que lo estuviera.

Hinojos asintió con la cabeza y anotó algo en su bloc. A Bosch le molestó que tomara un apunte acerca de eso.

– Mire, no tiene nada que ver con lo que ocurrió en comisaría la semana pasada.

– ¿Por qué se fue? ¿Cuál fue la verdadera razón?

Bosch apartó la mirada, estaba enfadado. Así era como iban a funcionar las entrevistas. Ella iba a preguntarle todo lo que quisiera, a invadirlo por allí donde viera un resquicio.

– No lo sé.

– Esa respuesta no es válida aquí. Yo creo que lo sabe, o al menos tiene sus propias ideas acerca de por qué se fue. Debe tenerlas.

– Descubrió quién era yo.

– Descubrió quién era usted, ¿qué significa eso?



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