Lo suyo no fueron los tiros sino salvar vidas, protegiendo a aquellos valerosos hombres que luchaban contra el fascismo con sus trincheras, casamatas y refugios. Al acabar aquella locura fue hecho prisionero pero no tuvo ni que pedir un aval pues, de inmediato, acudió a buscarle uno de sus antiguos jefes, don José Banús, que le reclamaba para trabajar en su empresa ya que había logrado importantes contratos con el Nuevo Régimen. Como Licerán nunca se había metido en líos y Banús y su hermano tenían mucha mano, fue sencillo sacar al capataz del campo de concentración en el que apenas llegó a estar dos días. Él se sabía hombre afortunado, pues otros no habían corrido la misma suerte. En aquel momento se incorporó sin hacer muchas preguntas a la empresa de los hermanos Banús y trabajó aquí y allá, ya que había mucho que hacer para reconstruir un país destruido por la guerra. Con seguir vivo era bastante, tenía trabajo, vivía con su familia y no tenía problemas con las nuevas autoridades, así que optó por trabajar y no buscarse problemas. José y Juan Banús eran empresarios de éxito y tenían buenas relaciones con el Movimiento, de manera que las obras no faltaban. De hecho, se les reclamó para colaborar en la construcción del monumento más emblemático del franquismo: el Valle de los Caídos. Allí había mucho dinero que ganar y ellos, buenos empresarios, se subieron al carro. Cómo no. Licerán, al igual que todos los vencidos, no quería entrar en consideraciones sobre si aquello le parecía bien o mal, aunque tenía su opinión al respecto. En aquellos días tan sólo se preocupaba de trabajar y salir adelante, que ya era bastante. Nada más. No quería problemas y bien sabía cómo las gastaban los vencedores. Su paso por el Ejército de la República sólo podía acarrearle problemas; bien era cierto que él no había hecho nada malo, pero de gente así estaban llenas las cunetas de España mientras que, a veces, los que de verdad se habían llenado las manos de sangre, ensañándose y haciendo verdadero daño a la causa de la libertad habían escapado al extranjero cuando las cosas se pusieron feas.


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