
– Pues fue el caso que, digamos, me hizo saltar a la fama. Dentro de un límite, claro está. El asunto mantenía en vilo a la ciudad de Barcelona desde hacía ya varios meses. No hace falta que le diga cómo estaban las autoridades. Las presiones que recibíamos para cazar a aquel tipo estaban llegando demasiado lejos y encima la prensa no hacía más que alarmar a la población desgranando los detalles más escabrosos de los crímenes.
– Un asunto complicado.
– Sí, bueno, aunque no tanto. Creo que acerté porque cambié la perspectiva del asunto. Desde el principio seguí mi propia línea de investigación. Sólo le diré que me tomaron por loco porque ésta difería de las de la prensa, del fiscal y de las de mis propios compañeros del cuerpo de policía. La línea maestra de mi investigación consistía en considerar que el asesino no era un loco ni un psicópata, sino un simple ladrón que no reparaba en asesinar a sus víctimas con tal de no ser capturado. Como recordará usted, en apenas dos meses, más de ocho prostitutas habían sido brutalmente degolladas en las inmediaciones del puerto de la ciudad de Barcelona.
– Sí, claro. ¡Menuda se armó!
– Todas habían muerto a manos del mismo hombre: un tipo zurdo que, usando una navaja cabritera, les había cortado el cuello de parte a parte tras lograr llevarlas a lugares apartados haciéndose pasar por un cliente que quería disfrutar de sus servicios. -El preso parecía otro, al hablar de su trabajo había adquirido otro aire, aparentaba rebosar energía-. Como en ninguno de los casos se habían observado indicios de violencia sexual, yo aposté por la vía del simple robo.
– Me parece lógico.
– ¿Verdad? Pues nadie había reparado en ello. Todos pensaron en un enfermo sexual, un pervertido. Aquello me llevó a interrogar a todos los peristas que movían mercancía robada en la ciudad y sus alrededores. Así fue como conseguí dar con un tipo, Heredia, que intentaba vender unos pendientes pertenecientes a la última de las víctimas del asesino. El perista no pudo suministrarme el nombre del sospechoso, pero sí hizo una detallada descripción de aquel tipo que, junto con las declaraciones de algunas compañeras de las fallecidas, me permitió resolver el caso.
