
Un oficial No asignado puede ir arriba y abajo por los caminos del tiempo, rescatando a los que estén en peligro, arrestando a los que incumplan la ley y manteniendo segura la estructura del destino humano. Pero ¿cómo sabría lo que pasa sino habían registrado los hechos? Mucho tiempo antes de los primeros jeroglíficos había habido guerras y migraciones, descubrimientos y logros cuyas consecuencias afectaban a todo el continuo. La Patrulla debía conocerlos. Descubrir su curso era trabajo para los Especialistas.
Además de todo lo cual, Keith era mi amigo.
Everard se sacó la pipa de la boca.
—Vale, Cynthia. Cuéntame qué pasó.
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La débil voz era ahora casi seca, tan rígida que tuvo que controlarse.
—Estaba siguiendo las migraciones de diversos clanes arios. Ya sabes que son muy oscuras. Debes comenzar en un punto en el que la historia se conozca con certeza e ir hacia atrás. Así que, en su último trabajo, Keith iba a Irán en el año 558 a.C. Eso está cerca del fin del periodo medo, me dijo. Haría preguntas a la gente, aprendería sus tradiciones y luego se iría a un punto anterior, y así… Pero tú ya debes saber todo esto, Manse. Le ayudaste una vez, antes de conocernos. A menudo hablaba de eso.
—Oh, le acompañé por si surgían problemas. —Everard se encogió de hombros—. Estudiaba el vagabundeo prehistórico de cierta banda desde el Don hasta el Hindú Kush. Le dijimos al jefe que éramos cazadores de paso, reclamamos su hospitalidad y acompañamos a los carromatos durante unas semanas. Fue divertido.
Recordó estepas y cielos enormes, una galopada tumultuosa en busca de antílopes y un festín al fuego del campamento, y a cierta muchacha cuyo cabello tenía el olor agridulce del humo de leña. Durante un tiempo deseó poder vivir y morir como uno de aquellos hombres.
