
– Mira, Jerry, no te molestes. Te dije en la instrucción previa que ese tipo había pillado la carpeta de revelación que mi cliente tenía en su celda. Es de sentido común. Mi cliente no iba a decir nada al tuyo, un perfecto desconocido, y todo el mundo lo sabía excepto tú.
Vincent negó enfáticamente con la cabeza.
– Yo no lo sabía, Haller. El se presentó, fue cuestionado por uno de nuestros mejores investigadores, y no había indicación de mentira, no importa lo improbable que pareciera que tu cliente hablara con él.
Me reí de un modo no amistoso para rechazar su afirmación.
– No que hablara con él, Jerry: que confesara. Hay una pequeña diferencia. Así que será mejor que hables con ese preciado investigador tuyo, porque no se merece la paga del condado.
– Mira, me dijo que el tipo no sabía leer, así que no había forma de que lo supiera por la carpeta de revelación. No mencionó las fotos.
– Exactamente, y por eso deberías buscarte un nuevo investigador. Y te diré una cosa, Jerry: normalmente soy bastante razonable con esta clase de cosas, e intento llevarme bien con la oficina del fiscal del distrito, pero te advertí justamente de este tipo. Así que, después del receso, voy a destriparlo aquí mismo en el estrado y lo único que vas a poder hacer es quedarte sentado mirando. -Me mostré completamente indignado, y buena parte de la indignación era real-. Cuando haya terminado con Torrance, no será el único que va a quedar en evidencia. Ese jurado va a saber que o bien sabías que ese tipo era un mentiroso o que fuiste tan tonto como para no darte cuenta. En cualquier caso no vas a quedar muy bien.
Vincent bajó la mirada a la mesa del fiscal y con calma enderezó las carpetas del caso apiladas delante de él. Habló con voz calmada.
– No quiero que sigas con el contrainterrogatorio -dijo.
– Bien. Entonces, déjate de negaciones y mentiras y dame una resolución que pueda…
– Retiraré la petición de pena capital. Entre veinticinco y perpetua sin condicional.
