
Negué con la cabeza sin vacilar.
– Eso no va a servir. Lo último que ha dicho Woodson antes de que se lo llevaran era que estaba dispuesto a jugárselo a los dados. Para ser exacto, dijo: «Podemos ganar esta mierda». Y creo que podría tener razón.
– ¿Qué quieres, Haller?
– Diría quince máximo. Creo que podría venderle eso.
Vincent negó con la cabeza enfáticamente.
– Ni hablar. Me volverán a enviar a casos de camellos de calle si les doy eso por dos asesinatos a sangre fría. Mi mejor oferta son veinticinco con condicional. Punto. Bajo las actuales directrices podría salir en dieciséis o diecisiete años. No está mal por lo que hizo, matar a dos chicos así.
Lo miré, tratando de interpretar su expresión, buscando una señal que lo delatara. Concluí que no iba a mejorar la oferta. Y tenía razón, no era un mal trato para lo que Barnett Woodson había hecho.
– No lo sé -dije-. Creo que va a decir que echemos los dados.
Vincent negó con la cabeza y me miró.
– Entonces tendrás que vendérselo, Haller. Porque no puedo bajar más y si continúas con el contrainterrogatorio mi carrera en la fiscalía probablemente habrá terminado.
Esta vez vacilé antes de responder.
– Espera un momento, ¿qué estás diciendo, Jerry? ¿Qué he de sacarte las castañas del fuego? ¿Te he pillado con los pantalones en los tobillos y es a mi cliente al que le han de dar por el culo?
– Estoy diciendo que es una oferta justa para un hombre que es culpable como Caín. Más que justa. Ve a hablar con él y usa tu magia, Mick. Convéncelo. Los dos sabemos que no estarás mucho tiempo en el turno de oficio. Podrías necesitar un favor mío algún día cuando no tengas sueldo fijo y estés en el lado salvaje.
Me limité a mirarlo, registrando el quid pro quo de la oferta. Si yo lo ayudaba, en algún momento él me ayudaría a mí, y Barnett Woodson cumpliría un par de años extra en la trena.
