
– Tendrá suerte de sobrevivir cinco años ahí dentro, mucho menos veinte -dijo Vincent-. ¿Qué diferencia hay para él? Pero tú y yo vamos a llegar lejos, Mickey. Podemos ayudarnos aquí.
Asentí lentamente. Vincent sólo era unos años mayor que yo, pero estaba tratando de actuar como una especie de anciano sabio.
– Jerry, la cuestión es que, si hago lo que sugieres, nunca podré mirar a otro cliente a los ojos.
Me levanté y recogí mi carpeta. Mi plan era volver y decirle a Barnett Woodson que echara los dados y a ver qué podía hacer por él.
– Te veré después del receso -dije.
Y entonces me alejé.
SEGUNDA PARTE. Ciudad de maletas 2007
4
Era un poco pronto en la semana para que Loma Taylor llamara preguntando por mí. Normalmente esperaba al menos hasta el jueves. Nunca el martes. Cogí el teléfono, pensando que era más que una llamada de control.
– ¿Lorna?
– Mickey, ¿dónde te habías metido? Llevo toda la mañana mando.
– Había ido a correr. Acabo de salir de la ducha. ¿Estás bien?
– Estoy bien. ¿Y tú?
– Claro. ¿Qué es…?
– Tienes un ipso facto de la juez Holder. Quiere verte, desde hace una hora.
Eso me dio que pensar.
– ¿Sobre qué?
– No lo sé. Lo único que sé es que primero llamó Michaela y luego llamó la juez en persona. Eso no suele pasar. Quería saber por qué no estabas respondiendo.
Sabía que Michaela era Michaela Gilí, la secretaria de la juez. Y Mary Townes Holder era la presidenta del Tribunal Superior de Los Ángeles. El hecho de que hubiera llamado personalmente no hacía que sonara como si me estuvieran invitando al baile anual de justicia. Mary Townes Holder no llamaba a los abogados sin una buena razón.
– ¿Qué le dijiste?
– Sólo le dije que no tenías tribunal hoy y que a lo mejor estabas en el campo de golf.
