
– Exacto.
– ¿Y respecto al saqueo? ¿No cometió delitos durante los disturbios?
Después de una pausa y otra mirada a su abogado, Torran-ce dijo:
– Me acojo a la Quinta.
Lo que esperaba. Seguidamente llevé a Torrance a través de una serie de preguntas concebidas para que no le quedara otra opción que incriminarse a sí mismo o negarse a responder bajo las protecciones de la Quinta Enmienda. Finalmente, después de que se acogiera a no declarar en su contra en seis ocasiones, el juez se cansó de mi insistencia y me hizo volver al caso que nos ocupaba. Obedecí con reticencia.
– Está bien, ya basta de hablar de usted, señor Torrance -dije-. Volvamos al señor Woodson. ¿Estaba al tanto de los detalles de este doble asesinato antes de conocer al señor Woodson en prisión?
– No, señor.
– ¿Está seguro? Atrajo mucha atención.
– Estaba en prisión, señor.
– ¿No hay televisión ni diarios en prisión?
– No leo los periódicos y la televisión del módulo está rota desde que llegué allí. Montamos un cirio y dijeron que la arreglarían, pero no han arreglado una mierda.
El juez advirtió a Torrance que cuidara su lenguaje y el testigo se disculpó. Seguí adelante.
– Según los registros de prisión, el señor Woodson llegó al módulo de alta seguridad el 5 de septiembre y, según el material de revelación de pruebas del estado, usted contactó con la acusación en octubre después de la supuesta confesión de Woodson. ¿Le parece correcto?
– Sí, me parece que sí.
– Bueno, pues a mí no, señor Torrance. ¿ Le está diciendo a este jurado que un hombre acusado de un doble asesinato y que se enfrenta a una posible pena de muerte confesó su crimen a un recluso al que conocía desde hacía menos de cuatro semanas?
Torrance se encogió de hombros antes de responder.
– Es lo que pasó.
– Eso dice. ¿Qué le dará la fiscalía si el señor Woodson es condenado por estos crímenes?
