
En mi visión periférica había visto a Vincent encogerse a mitad de la larga respuesta de Torrance. Sabía por qué y, cuidadosamente, me acerqué con la daga.
– ¿El señor Woodson usó esa palabra? ¿Llamó a las víctimas «negratas»?
– Sí, eso dijo.
Dudé al preparar la formulación de la siguiente pregunta. Sabía que Vincent estaba esperando para protestar si le daba pie. No podía pedir a Torrance que interpretara. No podía preguntar «por qué» respecto al significado que le daba Woodson o su motivación para usar esa palabra. Eso era susceptible de objeción.
– Señor Torrance, en la comunidad negra la palabra «ne-grata» puede significar distintas cosas, ¿no? -Supongo.
– ¿Es eso un sí?
– Sí.
– El acusado es afroamericano, ¿no?
Torrance rio.
– Eso me parece.
– ¿Igual que usted, señor?
Torrance empezó a reír otra vez.
– Desde que nací -contestó.
El juez golpeó con la maza y me miró.
– Señor Haller, ¿es realmente necesario?
– Pido disculpas, señoría.
– Por favor, continúe.
– Señor Torrance, cuando el señor Woodson usó esta palabra, como dice que hizo, ¿le sorprendió?
Torrance se frotó el mentón como si reflexionara sobre la pregunta. Entonces negó con la cabeza.
– La verdad es que no.
– ¿Por qué no, señor Torrance?
– Supongo que es porque la oigo todo el tiempo.
– ¿De otros hombres de color?
– Eso es. También se la oigo a tipos blancos.
