
Pavlysh oyó la voz de Dimov:
— Están aquí, bajo el desprendimiento.
— ¿Ves? — dijo Goguia —, yo no dudaba de eso.
— Oye, Pavlysh — continuo Dimov —, nos hallamos ahora a una profundidad de cuarenta y dos metros. Van permanece en la canoa. Niels y yo nos dirigimos hacia el desprendimiento. Ierijonski queda de protección afuera. Por si las moscas, conecta el registro, sigue todos nuestros movimientos.
— Está claro — dijo Pavlysh —, conecto el registro.
— Salimos.
— ¿Esta lejos el desprendimiento? — preguntó Pavlysh a Van.
— No; lo veo perfectamente.
Pavlysh se imaginó la escena. La canoa pendía junto al fondo mismo sobre las piedras, entre fragmentos de corales y enredadas algas. Ierijonski se hallaba a unos pasos de la canoa. El rayo de la linterna de su casco iluminaba a Dimov, cargado de espaldas, enfundado en su ceñido mono anaranjado, y a la tortuga, que caminaba con seguridad delante.
— Hemos alcanzado el desprendimiento — informo Dimov —. Niels esta buscando la entrada. Debe de haber una brecha, por la que salió Sandra.
Siguió una larga pausa.
Pavlysh comunico con la isla. Allí todo seguía igual. Sandra dormía. Pflug dijo que la situación en el cráter se había estabilizado. Corría lava viscosa. Si la velocidad de su fluir no cambiaba, a la mañana la isla habría aumentado considerablemente de dimensiones. Al cabo de unos anos, se podría plantar allí cítricos.
